domingo, 14 de agosto de 2016

Me creo un enamorado de lo espontáneo, por más que viva desmenuzando cada acto que me toca de cerca. Esa es mi traición incomprendida. Me acompaña un autoboicoteo inconsciente que en eso se contradice.
Es el gusto de ver los detalles, y todo lo que uno puede guardar ahí. Los aprecio de sobremanera. Más cuando se pone en práctica la diferencia entre ver y observar. Casi que me es un ritual tomarlos cuando flotan en esas charlas que pueden pensarse superficiales, juntarlos en una bolita. Juntarlos a montones y en algún momento poder transformarlos en un gesto singular. Hacerlos propios un tiempito y devolverlos de otra forma a quien se los tomo prestados.
No se ven horizontes. Los detalles unen rios y tiran paredes, rompen a la simple vista para ganar una mirada. Acoplan un poder hermoso, cuando el destinatario lo permite...

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