miércoles, 12 de octubre de 2016

Me es raro porque, a su forma, extrañar me resulta casi que igual de lindo como nostálgico.
Como si mezclara ansiedad, kilometros de afecto y algo de tristeza en forma de plastilina. Moldeando con los días una bolita atigrada de varios colores, que entre lo cálido de las manos se termina apagando en un tono opaco y homogéneo.
Pasa todo junto, de los vívidos colores que realzan la importancia y el valor de la persona, a un pocito de nostalgia y el hueco gris que deja en ausencia. Dos caras totalmente distintas que por momentos se saben suplir, extrañamente.
Al fin y al cabo, cuando se extraña, el cariño es el motor.
Una buena señal ante ese peso.

lunes, 3 de octubre de 2016

A veces, con un foco perdido,
por pensar en el futuro, me olvido de tener un presente.