domingo, 22 de enero de 2017

A la fuerza terminé de aprender que dejar de insistir puede llegar a ser un acto de amor enorme. De amor propio, desde ya.
No se, estaba por ver un capitulo de New Girl y me quedé dormido mientras cargaba. Recien ahora, a mitad de madrugada me acabo de despertar, pero desorientado y con el pecho ceñido. De la nada me bajaron como rayos varias respuestas claras a los ojos, a temas que hoy me arañan un poco el sueño. Y ahí entendí que tengo un gran cartel de ingenuidad pegado en la frente, acompañando a otro en la espalda que mientras camino y pasa el tiempo le explica al resto lo boludo que me siento. Y con eso, creyendo cada vez más en que la valoración es un condimento de mierda, que nos desdibuja lo que aparenta de lo que es de la manera más cruda. En un principio me metía solo en el cuento noble de que lo sincero gana cualquier batalla, que mata cualquier prejuicio y une. Pero a cambio me terminan alquilando mentiras pasajeras y banales con unas expensas de la puta madre. Ojo, las distingo y se que son de esas que funcionan de escudo ante todo, para tratar de alivianar lo que se sabe que puede doler, excusas o mentiras sutiles que buscan reemplazar a un NO con algo de anestesia. Entiendo que se trate de eso. Pero así y todo no deja de ser la muestra más cobarde y falsa. La más barata para salir de la incomodidad.
Que se yo, ahora no me puedo dormir, y ni Jess ni Schmidt me están pudiendo cambiar la cara.

2 comentarios :