jueves, 26 de enero de 2017

El Mago.
Así se hace llamar por más que no sepa ningún truco, él dice que lo es y nosotros le creemos, por algo debe ser. El Mago está en condición de calle, y ya hace algunos meses se transformó en un personaje más del barrio. Una tarde cuando llegué del laburo mi vieja me contó toda esa situación, de su presentación como ilusionista y de lo tanto que la gente lo marca y desprecia a la vista.
Que había golpeado la puerta de casa como la de tantas otras, pero más allá de lo que uno espera, lo curioso había sido su especial pedido.
El Mago solamente quería zapatos de vestir, su búsqueda se alzaba únicamente en eso. Él le explicaba a mi vieja que los magos se vestían con elegancia y no podía ser menos. Para su asombro y no dejar dudas de eso, quiso mostrarle el tesoro que tenía guardado en la valija que arrastraba, la abrió y sacó un traje impecable que se calzó rápido arriba de lo que tenía puesto. Según el relato de mi madre era como 4 talles más grande, pero poco le importaba, de alguna forma la elegancia la tenía. Pero no del todo, porque todavía le faltaba el famoso calzado.
Mi vieja le explicó que zapatos no tenía pero que le podía dar alguna zapatilla mía. -no señora, no puedo usar zapatillas con el traje, eso no queda bien.- le dijo con la mayor de la seriedad.

Para que lo imaginen, es un tipo que no debe llegar a los 40, menudito y algo petizo, con un pelo hecho tornado y al borde de convertirse en rastas. Bastante escaso de higiene, por razones obvias.
Es muy cuerdo con la mayoría de lo que cuenta, pero una locura visible lo acompaña. Siempre está bailando o hablando solo, a mitad de la calle. Golpeando puertas a horarios perdidos. El saldo crudo que debe dejar la soledad cotidiana.
Ahí está la otra cara de la historia, esa que no es nada agradable y que deja en evidencia lo que es en sí vivir en la calle, ser esclavo de la misma. 
Es difícil, por no decir imposible, ponerse a imaginar siquiera todo eso que lo habrá curtido. O pensar en cómo terminó así, con el número de historias que le dieron este desenlace. Bocha de preguntas que por más que no quiera me hago igual, no para alimentar la tragedia sino para entender lo tanto que uno ignora por haber nacido en otras circunstancias. Que se yo, muchas cosas que también me hicieron acordar a este otro personaje, que todavía, algunas noches me sigo cruzando con todo su misterio.

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