domingo, 30 de abril de 2017

Por momentos me dejo llevar e imagino situaciones que difícilmente me puedan llegar a pasar cerca, como momentos de película, o algo así. No sé como llamarlos. Como historias que al momento tienen el mote de imposibles en mi cabeza, que veo lejanas y no son más que eso, un pensar volador que da algunas vueltas por un rato. Ahí es cuando, antes de olvidarme, le saco una especie de fotografía mental y la guardo en la memoria como si fuese un tesoro. Así sé que ese imposible va a estar archivado, como esperando en una repisa que con los días se puede acostumbrar a juntar polvo.
Ahora, lo hermoso es cuando alguna de esas fotos se hace palpable de la nada, y sin aviso pide salir de ahí.
¿Cómo? ¿Pasó al final? Alguna que otra vez saqué un par de esa repisa. Eran chiquitas, espontáneas. Como una Polaroid, viste? Pero pese a eso no dejaban de tener un peso inmenso. Ahí, en ese rincón inerte vivió lo imposible, lo que fue y que ya no será. Lo que solo descansaba en la imaginación pudo tomar un papel vívido.
Hace mucho que ya no me visita la magia de esa sorpresa, pero pucha, las sensaciones que despierta ver como lo -supuestamente- lejano e inalcanzable se va entrelazando más allá del imaginario, es maravilloso.
Y más con ese aroma de lo inesperado.

3 comentarios :

  1. Cuando sucede es maravilloso! Gracias x pasarte, seguiré leyéndote

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  2. Me gustaría igual saber de que estás hablando, de por donde viene la mano...

    Primera vez por acá creo, saludos 🙋

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  3. Me gusta mucho como escribís. Me llegan todas tus palabras.
    Un saludo

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