domingo, 22 de octubre de 2017

Me hablo de pasajeros. Vinculos, amistades efímeras, los afectos pasajeros.
Especialmente de esas personas que se cruzan en tus días, que suelen aparecer para bien del momento, pero que en lo minúsculo y con el tiempo dejan ver etiquetitas con la fecha de caducidad. Algo borrosa pero legible.
Es que la compañia por temporadas tiene algo que me raspa pero a la vez alivia. Y ese algo es que quede la estela de preguntas mudas cuando se van de tu orbita sin aviso. Cosa que me hace ver mejor que ante la falta de necesidad podemos ser tan invisibles como deshechables. Que así terminamos siendo imanes para otros por simple conveniencia del momento que los corre, que nos corre. Vamos rotando y llenamos vacios momentaneos para que después algo punzante diluya el vinculo con una pinchadura.
Atrás de eso también me aterra que todavía se piense que es más fácil dar a suponer que decir o hacer. Darle lustre a toda la fachada de inducir con gestos grises y tibios, y usarla como alternativa a lo frontal de la transparencia. Eso me duele horrores.
Así y todo, con el rechazo que me da esa idea, tengo el doble pensamiento de que prescindir de alguien es lo natural y sano cuando es lo que sentís o querés, pero que a la vez no va a existir un corazón palpable cuando las formas de dar ese fin no acompañanan. Me da picazón eso, a veces no medimos que en la otra punta del lazo también existe un otro que en el fondo puede sufrir o sentirse participe (o no) de ese alejamiento.
Lo real es que por dentro me exprime esa indiferencia abrupta. Con los silencios y sus dudas, la gente va y viene.

2 comentarios :

  1. Mientras que uno se mueve entre los transeúntes tratando de coincidir en alguna ida o alguna venida.
    Emociones de una etapa que nunca termina. La gente va y viene, pero nunca para donde uno.

    P.D.: Sí, es hermoso, ¡¿viste?!

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  2. Hace rato que no te leía y me encontré con esto. Tremendo.
    Nunca deja de doler la idea de lo pasajero, de que la permanencia es una ilusión que rara vez sobrevive al paso del tiempo. Y es cierto, a veces esa compañía -por breve que sea- hace su bien. Pero siempre me da vueltas en la cabeza esa cuestión de que tiene que haber algo más. Algo que (si bien no tiene por qué ser eterno) se quede lo suficiente, en el caso de que no haga daño o no nos vaya saqueando la luz. No niego que exista lo efímero. Pero insisto... Tiene que haber algo más. No todo, ni todos, se van.

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