miércoles, 7 de febrero de 2018

Es como por inercia, aunque no reniegue de eso, porque en parte lo disfruto. Pueda que hasta el día de hoy ni cerca me vea viviendo de lo que estudio. Es algo que encuentro como una herramienta y no como una dedicación plena. Lo disfruto, pero no me proyecto de acá a algunos años con ese fin.
Me encanta el diseño, hasta diría que amo de una forma exagerada toda forma de arte y expresión, pero pareciera que voy perdiendo el incentivo que, desde que tengo noción, me acompaña.
En algún momento creo que a todos nos pasó de ver, o percibir, que el resto prospera y avanza (casi como si estuvieran bajo una alineación estelar) pero no podemos observar lo mismo en lo propio. Ya pasé por eso, hace mucho dejé de comparar-me y medir al resto. Pero puede que me haya abusado de ese pensar y me dejé estar en el relajo casi constante. 
Van tantos años invertidos en lo académico que no me importa tardar 1, 2 o 5 más. No estoy pendiente de la escala de tiempo y siempre respondo lo mismo a la pregunta reiterada de "y Fede? cuánto te falta?" -Cada vez más, jaja- con una sonrisita autocómplice que adorna de sarcasmo el ambiente.
Apuro nunca tuve, siguen pasando los años, y me mantengo en esa postura.
De hecho todo esto viene porque hoy es un ejemplo claro, tengo el final de una materia que cursé hace 3 años. Se vence, hoy se me vence y faltando algunas horas todavía no sé si me voy a presentar. Qué se yo, el tema pasa por que si la tuviera que recursar mucho drama no me estaría generando. A ese punto llego, que la falta de preocupación roza con las ganas y el deber que en algún momento ponderé.

El arte de la procrastinación, fiel secuaz del autoboicot.

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