martes, 3 de julio de 2018

Miro a algunos de mi entorno y por momentos hay cosas que me empiezan a hacer algo de ruido. Hasta las actitudes más chiquitas hunden. Lo noto en la calle, en el laburo, o mismo cuando me siento a ver un rato la tele al ritmo del incanzable zapping, y es que es bajísimo notar como se realzan las miserias de alegrarse por una desgracia ajena, de desearla y ser alarde de eso. Es zarpada la falta de empatía y solidaridad que se respira por momentos.
Pareciera que no nos queremos ver mejor, que no se quieren ver mejor, sino que buscan que el otro esté un escalón abajo del propio para así sentirse más. O por lo menos creer eso, meterse en la cabeza que así lo estarían logrando. Medio que nos tapa la mierda por ese lado.
Ponele que si ves que un cuadro está torcido vas a ir por el camino obvio y lo enderezas, tratás de arreglarlo, no optas ni en pedo por torcer el cuello un rato para solucionarlo a tu vista. Y es eso lo que me choca, que muchos eligen acciones como esa última y prefieren ignorar una solución conjunta o dar un mínimo aporte desde lugar que toca. Al final da la sensación de que el egoísmo siempre lídera y como que no hay mucho más para retrucar después de cruzar esa linea, porque en definitiva solo va a funcionar correcto en esas cabezas que se alimentan al eco de "el otro que se arregle como pueda". Regio, elegiste cerrar los ojos, pero acordate que para el resto el cuadro sigue estando torcido.

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