Que loco es el momento cuando te conectás con los ojos de un desconocido. En un pasar. En la calle, en el bondi, en el tren, caminando, o donde fuere. Estoy seguro de que a todos nos pasó alguna vez, y que alguien va a entender de lo que hablo. Hablo de ese segundo en donde las miradas se hacen de uno, donde los ojos pasan a ser la carta de presentación, diciendo nada, y comunicando mucho. Pupilas que escarban adentro del otro por un instante dandole lugar a esa mirada curiosa, mágica, fuerte e intrigante, que nos deja con ganas de conocer y la eterna duda al pensar si la otra parte también sintió lo mismo. Es un momento que pareciera irse del mismo tiempo, que se quiere olvidar de los relojes y trata de hacernoslo saber.
Porque para mi, aunque trillado suene, los ojos pueden hablar aún más que los labios.
Porque para mi, aunque trillado suene, los ojos pueden hablar aún más que los labios.



