Cuando alguien te interesa, se lo haces saber. Cuando querés ver a
alguien, se lo decís. Cuando te hacen bien, sería bueno que lo sepan. A
vos, si estuvieses del otro lado, no te haría mejor saberlo? Es
hermoso eso.
Hasta el día de hoy, es que me pasan los años y
todavía no sé por qué de algo tan simple -y que debería ser
completamente bello- se terminan armando laberintos. Y de ahí que prefiero mirarlo con otros ojos y no
poner el pie en juegos de indiferencia u orgullo.
No sé, será que no
estamos acostumbrados a hacerlo, que en el fondo nos asusta un poco el
afecto espontáneo. Un poco está el miedo a como lo tome el otro. Nos criaron así, nos
meten eso todos los días. Siempre buscamos y tenemos que excavar excusas para
darle Sol a un bien, para mostrar lo más puro que tenemos guardado adentro. Desde
abrazar, querer o hasta en algo normal como hacer un regalo, algo tan
cotidiano como tal. Cambiemos eso. Si te nace, hacelo. Si te hace bien,
hacelo. Si puede hacer un bien, hacelo con más fuerza todavía. La causa
es porque quiero, y el efecto es porque puedo.
No hay que
esperar nada más que las propias ganas. Para que filtros? Desde cuándo y
para qué buscar una justificación que le de entrada? Basta de flashear, de no hablar por no querer asustar al otro, de lo que pueda pensar.
Puedo decir que yo ya no lo hago. Y sé la consecuencia, que por
querer ser transparente puedo quedar como un
denso/pesado/boludo/ytantomás, sé que lo hago, pasa. Los gestos me lo
marcan y se evidencia con lo que a veces me devuelven, para bien o para
mal. Y aunque quisiera no puedo mentir y decir que no me importa, porque realmente lo hace, y muchísimo. Pero prefiero infinitamente eso a tener que
taparme en silencios, prefiero que me bañe un rechazo honesto, de
distancia, directo, y no la indiferencia de terminar con el tiempo en el
montón perdido.
Siempre el énfasis termina estando en el otro,
el que recibe. El que puede ser la bisagra y levantar la barrera. Que
poniendo o no en juicio la verdadera intención, lo absorbe y decodifica a
su forma. Por eso no siempre el afecto tiene ida y vuelta. Y está perfecto, es lo sano, porque no todos buscamos lo
mismo en las personas. Y ahí no hay mucho más por hacer desde este lado. Pero seamos honestos con nosotros, no
perdamos la chance. Por sobre todo, de querer querer. De dejarse querer.








