jueves, 22 de diciembre de 2022
miércoles, 21 de diciembre de 2022
domingo, 18 de diciembre de 2022
miércoles, 30 de noviembre de 2022
Ayer, camino a la panadería pasé por la puerta de mi escuela justo en horario de recreo, y ahí estaban todos en el fondo del parque, en grupitos abajo del árbol, igual que nosotros lo hacíamos hace tantos años atrás. Otros pocos estaban jugando con una pelota de vóley a la vista de un sol potente, casi forjando una actitud de temerarios, que valentía. En esa caminata iba mirando todo el ancho del parque mientras seguía por el largo de la vereda, segundos donde fueron muchos los recuerdos guardados ahí que se peleaban por salir.
María, la panadera, tiene su local al lado del cole, casi que pegado al mural que pintamos cuando nos egresamos. Se podría decir que ella es una de las personas más queridas del barrio, en parte por antigüedad. No estoy seguro de su edad, es que en mi mente es de esas personas que siempre fueron grandes, pero debe andar por los 90, y como cada día desde hace décadas, se encarga de atender su bolichito.
Ya con un kilo de miñoncitos y un cuarto de cuernitos bajo el brazo, emprendí la vuelta a casa. El recreo ya se había terminado, no había movimiento alguno. La caminata seguía, levanté un poco la mirada hacia el arco de la puerta, y me llamó la atención un cartel colorido que estaba en lo alto de la entrada con la leyenda de "30 aniversario". Me reí solo. Que oportuno, justo en el día que dejé los 30. Ese si es un golpe de la nostalgia!
miércoles, 26 de octubre de 2022
lunes, 17 de octubre de 2022
Relato de lo plumiEfimero
Prácticamente todos los días viene de visita un chimango, y se posa en el punto más alto del techo de dos aguas. Aletea un poco en la zingueria y es ahí cuando lo escucho, y salgo a verlo.
Hay veces que se mueve de su torre vigía, y tantea el panorama desde el tronco roto de la mora, otras lo hace desde el techo del auto. Y se queda un ratito a la espera, mirando hacia la casa a través de la ventana, como queriendo encontrar la vista de alguien.
Usualmente aparece cerca del mediodía, aunque a veces más temprano. Pero tiende a respetar su horario de visita casi religiosamente. Si lo veo desde la cocina, suelo dejarle algo en el marco de la ventana, y es cuestión de unos segundos para que lo vea y se pose ahí mismo a reclamar el tentempié.
Se lo malcría a base de sobras del día, lo que se encuentre en ese momento en la heladera. Pero le gusta mucho el salame y el jamón, la carne en general.
De a poco me voy ganando su confianza, ya casi no duda, y se va acercando más. De interactuar a varios metros de distancia pasamos a unos pocos centímetros. En cuclillas le dejo la comida frente mío y espero que la busque. Se acerca despacio, atento. Sabe que ahí no tiene la seguridad que le da la altura. Al momento de agarrar la comida hace unos pequeños chillidos, lo repite un par de veces sin sacarte la vista de encima, y arranca su vuelo. Me gusta creer que en su lenguaje me intenta agradecer por el regalo.
Al principio, solo lo veíamos si venía a llevarse lana de la
oveja, mayormente esa que queda enredada en los troncos donde ella se suele rascar.
Ese fue el primer acercamiento. Era una imagen cómica ver como ese
llamativo pájaro de pico curvo vigilaba en la cercanía los pasos de la
oveja, o que directamente de forma atrevida se le posara en la cabeza cual Timón y
Pumba. Ella inmutada, seguía caminando como si nada.
Ayer mientras almorzábamos al aire libre vino varias veces, y a lo último trajo a otro. Tienen el nido a una cuadra, en uno de los árboles más altos del barrio, cerca del cartel luminoso de la juguetería. Por lo menos son tres los que ví volando cerca, pero intuyo que además debe tener pichoncitos, por eso tanta colecta alimenticia.
Estoy teniendo una fascinación grande por las aves. Creo que empezó con los colibríes que venían todas las tardes al principio de la pandemia y se fue agrandando con las lechucitas que, durante un tiempo, anidaron en la puerta de casa.
Hoy también tienen mi atención los zorzales, que revuelven las hojas secas, vestigios del invierno, para buscar bichitos. Me gustan mucho aunque sean super asustadizos. Y están los horneritos, que más curiosos, lo pispean todo en el fondo. También se suelen acercar chingolitos, carpinteros y algún que otro bichofeo. Están las torcacitas y las palomas que vienen a tomar agua al borde de la pileta, estas últimas son prácticamente gallinas, enormes. Hay cotorras también, muchas, y vienen a cortar ramitas de la algarroba para su nido.
Todos los días les desgrano pan duro o alguna galletita, y me quedo espiando de incognito. Me encanta ver como caminan. Ese andar tiene tanta pero tanta historia. Si te dejas llevar son como pequeños dinosaurios, me gusta verlo así.
miércoles, 31 de agosto de 2022
El camino al sector de traumatología era laberintico, dos pisos arriba y zigzagueante en todo momento. Al final, a la izquierda, había una puerta grandota que dividía el pasillo de esa sala común, donde ya se respiraba otro aire. Salió mi hermana y entré yo. Y desde aquel límite me señaló el rincón en donde estaba él, que hace algunos días tropezó y como consecuencia se fracturó la cadera.
Vi que los ojos de mi abuelo juntaban tristeza, aunque en todo momento quiso ocultarlo con palabras. Así trata de mostrarse, con entereza hasta en el que es su momento de mayor fragilidad. Solo una vez lo vi peor, totalmente cubierto en llanto, desconsolado, y fue en el primer cumpleaños de mi abuela después de que a ella la operaran. Ese día la angustia se le acumuló. Nunca había visto a ese hombre llorar, nunca.
Me tuve que bajar el barbijo para que me reconozca, ve muy poco sin los anteojos. Hablamos un ratito de las plantas del fondo de su casa, donde se cayó, y de los pilotos de F1 que le gustan. Me resaltó que Ferrari no anda bien y que el Mercedes de Hamilton siempre está peleando. Me preguntó si tenía pañuelitos para darle y le dejé un paquete. Siempre tengo en algún bolsillo.
Ya no está del todo lúcido, por momentos se pierde un poco. Aunque desde hace un par de años
notamos que tiene esos segundos fuera de contexto, pareciera que en estos días internado, empeoraron como nunca.
Desde que me desperté esa mañana, durante todo el día hasta después de
visitarlo, solo pude pensar en lo feo que son los hospitales, el
ambiente extraño que generan. Siempre la asociación de estar en uno me
refiere a
ese pensamiento.
Verlo así, en ese estado, me hizo mal. Sumándole la rabia posterior que me brotó por la desidia burocrática, y ser testigo del
destrato continuo que en este caso muestran médicos y enfermeras hacia
la gente mayor. Un rechazo automático, distante de cualquier ética. A veces solo con ver actitudes dudás de la capacidad humana que tienen algunas personas para afrontar su rol, y lo que demanda. Pasan los días, y todavía no lo operan. El tiempo lo es todo. Sufre en la espera, le duele mucho. Tiene miedo pero no lo dice, llora. La coraza se disolvió.
Hoy solo pienso en lo cruel que es la vejez en la mayoría de los casos. Esto de llegar al punto de sentirse enjaulado, física y mentalmente, por las propias limitaciones del cuerpo. También lo triste que me pone esa imagen de él, vulnerable, y lo tanto más que me duele saber que sufre siendo consciente de eso.
martes, 23 de agosto de 2022
viernes, 12 de agosto de 2022
miércoles, 27 de julio de 2022
Hace unos mil años, en días de escuela, un compañero me regaló de la nada un montón de comics, ni siquiera éramos muy amigos así que era extraño por ese lado, fue con la intención clara de sacárselos de encima. Creo que teníamos 15, o por ahí debíamos andar. Toda la pantomima de despojarse de tantas grapas era alegando que ya estaba grande para leer y tener ese tipo de cosas, me acuerdo que con un aire superior te lo planteaba tratando de buscar complicidad, pero al mismo tiempo queriéndote dejar en otro escalón, claro, por algo te los daba. El chabón era alto bobo igual, en el aula casi nadie se lo fumaba. En fin, yo los agarré, obvio, mirá si voy a despreciar algo que siempre le dio vida a mis ganas de dibujar, más en aquellos días donde literalmente llevaba un cuadernito a donde sea que vaya, por si me encontraba con el momento para sacar el lápiz.
La cosa es que los encontré hace poquito, y eran varios, no me acordaba que fueran tantos. Y por otro lado, estoy seguro de que nunca pero nunca los leí. Solamente tuvieron la dicha de quedarse en reposo durante añares. A veces me sorprende la cantidad de cosas que aparecen entre cajas y cajones olvidados, dónde en su mayoría meto lo que no sé dónde poner. Hasta el punto de reencontrarme con cosas de las que ya no tenía recuerdo. Pero más allá de eso, fue por encontrarlos que hoy me quedé pensando en esa cuestión del 'ya estoy grande para', y me cuesta amigarme con la frase, siempre hablando de gustos y no del machaque físico que tiende a limitar. Y es que, entiendo que la gente no se pone grande para.., el contexto y el resto que se apoya en eso son los que te hacen creer que es así. Sea cual fuese el tema. Puede que cambies de gustos, de ideas, pero no creo que sea condicionante o resultado solo de la edad, sería un poco excusarse. Probablemente sean las personas las que te quieran marcar los pasos más que el tiempo en sí.
Ojalá que hoy, mañana, pasado y los días que le siguen, te sientas plenx haciendo o teniendo lo que te gusta sin que nadie te rompa las bolas con prejuicios y mandatos.
domingo, 24 de julio de 2022
martes, 12 de julio de 2022
Lo difícil es mediar con esto desde hace un tiempo, siempre me lidera la curiosidad, veo que puedo y sé hacer varias cosas. Tengo el conocimiento, pero entre ese mar no termino destacándome en nada, o por lo menos en mi cabeza se ve de esa forma. Cuando agarro confianza en algo me canso, y cambio, me intereso y aprendo otras cosas, nuevas herramientas, oficios, programas, no sé, un poco de todo. Pero se repite el patrón, aprendo y me aburro relativamente rápido, y es volver a empezar. Los intereses mutan rapidísimo acá adentro y deseo que no fuese tan así, me gustaría disfrutarlo más. El cambio constante insiste en acompañarme, aunque yo no sea la mejor opción.
Puede que tenga su lado positivo, nadie me quita lo bailado ponele, suma la experiencia. Pero internamente es un despiole. Un bucle raro que perdura, quiero crecer y no me puedo asentar.
martes, 21 de junio de 2022
jueves, 9 de junio de 2022
jueves, 19 de mayo de 2022
Hace poco falleció uno de los profesores más queridos de la facultad, y en lo que fue mi paso por esas aulas hasta el día de hoy, ya un poco alejado, solo me queda reafirmar que fue el mejor que tuve sin ninguna duda. Fue raro enterarme Facebook, por un posteo de otro docente, otra vez el impacto de lo totalmente inesperado, tanto para mi como para todos los que lo conocían. Más que nada por ser algo tan prematuro, alguien joven, carismático, desbordando energía, un tipazo, y a la vista, un ejemplo eterno de lo que refiere a la docencia, en lo más simple de su esencia. El significado de la vocación de enseñar seguramente fue ahí donde la ví y comprendí como tal, en la famosa aula 210. La segunda casa de aquel hombre de boina y bigote.
Pasaron un par de días y no pude evitar seguir leyendo en los grupos de fb la facu o mismo en instagram todas las palabras dedicadas a él, cientos y cientos de mensajes. La tristeza seguía siendo total en cada renglón que leía, pero también otra parte enorme era la celebración por el buen tipo que fue, cataratas de comentarios con anécdotas coloridas (en CMYK, claro), recuerdos y enseñanzas, algo que me emocionó una banda, más todavía. Y después, como consecuencia me fue imposible no pensarlo de este otro modo, viste, eso que alguna que vez todos llegamos a pensar, cómo sería la mirada del otro hacía uno si ya no llegase a estar. Cómo viviría ese recuerdo en el resto? Y solamente podía imaginar en lo hermoso que sería si él pudiese leer en ese momento todo el afecto que sus alumnos, colegas y amigos le están dejando en palabras y sentimientos. No puedo verlo de otra manera, como algo ciertamente injusto, primero que ya no esté más para seguir despertando cada viernes la pasión de la gráfica, y después, que al final no pueda ser testigo de todo lo maravilloso que dejó en tantas, pero tantas personas. O tal vez, en parte si lo supo, que lindo sería pensar eso.
martes, 17 de mayo de 2022
lunes, 16 de mayo de 2022
jueves, 12 de mayo de 2022
viernes, 15 de abril de 2022
Hoy me desperté sin saber que iba a ser un día tan difícil y triste, y como cualquier mañana puse la pava para el té. Fui abriendo de a una las ventanas de la cocina para que entre luz. Y en esa última me encuentro con una imagen que me congeló la sangre, por ese marco vi que Violeta dejó de estar. Salí rápido a taparla con una sabana vieja, porque no podía dejar que mi hermana la vea así. Y por dentro pensaba, que bueno que hoy me haya despertado antes que ella, si hubiera sido al revés sería mucho peor. Es una imagen que te acompaña más de lo que quisieras.
A Violeta la rescató de la calle mi papá. Me acuerdo que un día apareció en casa con una cachorrita mestiza, toda marroncita, y mi hermana no daba más de la emoción. Si mal no recuerdo la adoptamos poco después de que se separaran mis viejos, él ya no vivía con nosotros pero la ella se quedó en casa.
Violetita nos acompañó cada día durante casi 20 años, si, una bocha. Pasaron muchas cosas en ese tiempo, y me doy cuenta de que también pasaron todas las mascotas que tuvimos. Recién me percato de eso, ella fue la única que a lo largo de estos años convivió con todos. No fue la primera que llegó, pero si la que más tiempo nos acompañó. Siempre estuvo ahí.
Tuvo una salud privilegiada hasta hace poquito, pero decayó bastante en el último tiempo, aparecieron varios de esos problemas físicos propios de la edad. Pero pensaba de igual forma, ojalá todos tuvieran la suerte de tener esa compañía mascotera tan especial durante tanto tiempo, como la tuvimos nosotros.
Hoy me duele muchísimo la perdida, pero sé que ya no sufre. Igual lo más fuerte fue el momento de tener que enterrarla, no por eso en sí, porque no es la primera vez que lo hago, pero si por el hecho de que mi otra perra estaba ahí, sentada al lado mío mientras hacía el pozo. Olfateaba, iba y venía, y se volvía a acostar cerquita sin entender que estaba pasando con su amiga. Eso también me pegó un poco.
Me quiero quedar con una foto que me gusta mucho, y que creo que es la más linda que le saqué. Y así es que elijo esta imagen por sobre todas, para también borrar cualquier otra que me haya quedado del día.
Las lágrimas, el cariño, la finitud y el recuerdo.
martes, 12 de abril de 2022
martes, 5 de abril de 2022
sábado, 26 de marzo de 2022
Puedo decir que de todas las cosas que envolvió el 2021, la mayoría se quedaron ahí, como si fuese una dimensión ajena a estos días. Miro para atrás y me doy cuenta de que, por lejos, esos fueron los meses en los que menos salí de casa y en los que con menos personas me rodeé. Seguro que fue el año que
más series vi y en el que más libros
compré, también que más leí, pero en realidad no es tanto como
podría parecer. Fue la primera vez que no festejé cumpleaños, ni a nivel familiar, no fue esquivo de un momento en donde no había motivo
ni energía para hacerlo. Por el contexto tal vez fue el año que más médicos vi y en el que más veces entré a hospitales. Probablemente por varias cuestiones fue el año que más angustias me trajo al pasar, si tengo que apurarme al decirlo, y sin ninguna duda fue en el que menos abrazos y risas pude intercambiar, aunque me duela decirlo. Me leo, y a mi pesar, suena algo triste describirlo de esta forma, pero entiendo que fue así y no me parece mal ponerlo en la mesa. Para qué negarlo, son momentos.
En el 21 me enojé mucho
también, conmigo más que nada. Fue una catarata de reproches que hoy no
tiene objeto poner en foco. Pero fue bajando, para bien propio. Con ese año también se quedaron algunas cosas más que hoy traen ciertas repercusiones, en su mayoría opacas. Pero menos mal, sé que las más pesadas quedaron ahí, ya entre luces tenues. Inhalo, me inflo, respiro.
jueves, 10 de febrero de 2022
Estos últimos meses fueron los más difíciles en muchísimo tiempo, y lo digo con la certeza de saber que ya mermó un poco y me permito estar más tranquilo. Pero igual, la mayoría de los días no dejan de ser una acumulación de sensaciones raras, casi que angustiosas en parte. Es complicado manejar la cabeza cuando los problemas de salud entran en la familia de forma tan repentina. Más si se meten bajo el mismo techo, y con esa palabra que da miedo y nadie quiere escuchar. Primero golpeando a familiares, después a mi vieja, y todo en un lapso de tiempo muy muy corto. Al principio, durante varias semanas lo rutinario fue ver especialistas y esperar estudios. Después la operación, los días previos y los posteriores, y la incertidumbre que camina cerca de eso, con todo lo que la espera abarca.
El 'Todo va a salir bien', fue por lejos la frase que más veces escuché en este tiempo, y seguramente la que más me repetí en silencio. Cada tanto la vuelvo a tener presente, pero como recordatorio de que todavía hay un recorrido vigente. Por suerte, en lo pronto, hoy todo pinta a ir para mejor.
A este último mes y medio también se le suma que fallecieron seres queridos, todas situaciones que no dieron ningún aviso. Es como que todo se juntó, y como nunca. A veces cuesta asociar la idea de que realmente de un día para el otro todo puede dar un giro completo. Y si, es algo automático que lo repetimos como cliché, pero creo que no lo asimilamos o lo tomamos como suponemos. Esto del existencialismo me golpea un toque en estos momentos.
Pareciera que todo ronda en lo negativo, y hoy como ya hace varios días, me cuesta escribir, pero necesitaba ponerle palabras. Aunque en mi cabeza no me encuentre con la fórmula para expresarlo como quisiera. Ponga lo que ponga, me quedaría corto, siento eso. Simplemente no me sale, pero igual está el intento.
Me quedo con que las rachas, por más malas que sean, en algún momento se cortan.
domingo, 9 de enero de 2022
Hace un par de meses, cada mañana y prácticamente a la misma hora, un pajarito picotea durante un rato un ventanal de casa. Uno triangular, alto, que da frente a un par de árboles.
Parece que da la luz de tal forma que refleja todo, y él se mira en el vidrio, tal vez pensando que hay otro de los suyos atrapado al otro lado, buscando ayuda. Me da mucha lástima que sea tan insistente, y me pregunto si le dolerá el pico de tanto golpear. A veces lo espanto para evitar eso. Pero al rato vuelve, sigue insistiendo, y me doy cuenta de que puede que nosotros no seamos muy distintos, que veces no podemos ver bien, y nos quedamos pendientes a cierta ilusión.






