sábado, 27 de octubre de 2018

Era chico, allá a fines de los 90, no me acuerdo exactamente que edad tenía pero si mantengo fresca la imagen de ese momento. Nos habíamos mudado hacía poco, era de noche, y el living estaba casi a oscuras, donde la única luz en el ambiente era el resplandor de la tele.
Alrededor de la pantalla ahí estaban sentados, mi papá y mi primo. Acordate, la revista del cable equivalía casi igual a lo que hoy netflix, algo sagrado. Estaban viendo un 'estreno', yo iba y venía, hasta que decidí quedarme con ellos. A esas horas la tele era lo único copado para hacer pasar el tiempo antes de ir a dormir.
Me aburría bocha ver eso, pero de a poco me fui olvidando y cuando me quise dar cuenta había una emoción extraña que me daba vueltas. Fue raro, hubo algo que me había emocionado pero no sabía bien que. Después de un rato me quedé dormido en el sillón, nunca la terminé de ver y así quedó en el olvido como una más de tantas.

Años después, por flashes que me parecían familiares, me vino a la cabeza esa noche y revolvió la memoria. Haciendo fuerza por acordarme algún otro detalle, traté de encontrar el nombre de esa película que tan pegada se me había quedado, algo que desconocía por completo. Más sin tener ni puta idea de los actores, o algún detalle más, nada de nada. Solo la poca ayuda de escribir en google algunas cosas que recordaba.
-algo así como que una abuelita muy coqueta que le enseñaba a bailar a dos chicos en una casona media descuidada que tenía un patio lleno de flores y enredaderas, que después crecían bla bla bla-
Esa es la magia de internet, hurgué un rato así hasta que apareció, la encontré! Pero por más que ya tenía el tan esperado nombre, no estaba seguro si quería verla entera, y por más boludo que parezca en el fondo no quería tapar esa impresión que había guardado por tantos años, más sin saber cómo terminaba. Busqué el trailer, lo miré, sonreí, y con eso me alcanzó.

Grandes Esperanzas (Great Expectations), así se llamaba. Aparecían una Gwyneth Patrow y un Ethan Hawke muy purretes. Romanticona, y que claramente no era apta para todo público.
Parte de esa película hizo algo, sentimientos ajenos en aquel momento, y es hasta hoy que no la volví a ver. Pero qué era eso que me había despertado?
Y me cayó la ficha, creo que ahí empecé a entender un poquito de que se trataba el amor.

lunes, 8 de octubre de 2018

Cuando se me mete en el oído el nombre de alguna geografía lejana, suelo acordarme de la persona que siempre me alentó a crecer para tener entre las cejas la idea de recorrer el mundo. Que de alguna forma logró contagiarme esas ganas de lo que ella no había podido. Instantaneamente pienso en mi abuela, Norma, que sigue igual de presente por más de que ya hace unos años largos dejó de estar.

Una señora coqueta pero muy sencilla, admiradora del antiguo Egipto y el arte en todas sus formas, sensible, que sufría con los documentales de animales, cocinera de esas que hacían para un batallón, observadora, dibujante sin querer serlo, y campeona de dormirse en el cine. Es una parte muy chiquita de todo lo que era.

Cuando la recuerdo así, a veces me quedo pensando y me convenzo más de que nacío en el lugar o la época equivocada, que con sus pasiones escondidas podría haber tenido las mil profesiones. Puede que arqueóloga, pintora o tranquilamente una excelsa historiadora... y apuesto más, me expando con el imaginario, empiezo a volar y a suponer que también podría haber sido una gran aventurera, bien al estilo Indiana Jones! Sin duda le habría quedado bien ese titulo.
Podría haber sido muchas cosas para ella, pero eligió ser muchas para otros, para los suyos. Se la podría definir como a la mayoría de sus contemporáneas, era una ama de casa dedicada a la familia, de esas bien a la antigua que siempre esperaba con la comida lista, a quien le costaba decir 'no', y que su cotidiano no se movía de criar y nutrir de amor a sus hijos y nietos. Pese a que jamás la escuché renegar de eso, en el fondo sé que le hubiera encantado esa otra libertad sobre el "poder ser". Poder desarrollarse más en algo de lo que le gustaba, y caminar el mundo de otras mil formas.

Acordandome de todo lo que fue para mi, hoy vuelvo al eco del llamado viajero y de pensar a dónde podría ir la próxima (aunque el momento y la billetera no acompañen mucho) y es ahí cuando me voy en el tiempo y me veo con ella otra vez, esa imagen que era tan frecuente, sentados en el comedor mirando National Geographic. Y más precisamente me acuerdo de aquella vez que me dijo con tono de nostalgia señalando la tele, que cuando yo esté allá y conozca las pirámides, que no me olvide y me acuerde de ella. Desde ahí sé que algún día voy a darle vida a esas palabras y a ese anhelo que con tristeza quedó inconcluso.

Ahí aparece el efecto cadena, la memoria de nuevo haciendo de las suyas, y vuelvo a tener 8, 9 años. Y hasta un poquito más. Soy chiquito otra vez, y repito en mi cabeza ese trayecto en remis de Ituzaingó hasta Haedo. Todo el refresco vivo de los incontables mediodías con ella donde nos iba a buscar a mi hermana y a mi a la escuela para cuidarnos lo que restaba del día, almorzando en su casa y, claro, con la novela de fondo. (Y no ver la hora de que termine para poder poner los dibu!)
Los años como una ola, al parpadeo. Esos mediodias que con el paso del tiempo se transformaron en tardecitas, dónde ya sin el abuelo presente, nos subiamos al bondi y ahí estabamos golpeandole la puerta para hacerle compañía.
Y tardes que se hicieron noches, donde el tiempo invertía todo muy rápido y al final, por su enfermedad, eramos nosotros los que la cuidabamos a ella.

Añoro mucho de esos días. Pero muy consciente de que estas imagenes quedan por siempre, pendientes de salir a tomar aire cada tanto cuando algo las despierta, como lo hacen hoy. Que más lindo que eso, poder recordar y dejarse ir un cachito.
Extraño el olor de su casa, mojar a escondidas el pan en el estofado, el salamito picado fino que siempre me esperaba en su heladera, las batatas al horno con azucar, rayar queso y que me rete por comerlo infraganti, que vayamos a hacer los mandados y me agarre del brazo para cruzar Gaona. Extraño agacharme un poquito para abrazarte un montón.
Sabiendo que hay cosas y situaciones irrepetibles, te extraño a vos.

viernes, 5 de octubre de 2018