Ciertos días, se
viernes, 25 de octubre de 2019
jueves, 24 de octubre de 2019
Allá por los años de secundaria hubo una época en la que cuando no podía dormir, mi remedio casero era jugar a imaginarme todo lo que podía llegar a hacer al otro día. Me narraba toda historia posible, desde la mañana a la noche y la recontra estiraba con la mayor cantidad de detalles que podia.
Tanto era lo que me hablaba por dentro, que en algún momento de ese ritual la mente caía rendida a la almohada, el premio que -en el inconsciente- se me negaba. No es que era tan seguido, pero cuando pasaba, los minutos nocturnos me dejaban
convencer de que eran más largos, y con trampa caía en esa del insomnio
cual fatality.
No sé cuando fue que pasó, pero lo dejé de hacer, casi que sin darme cuenta perdí eso.
Ahora lo pienso y no sé si es que quedó en el olvido por la falta de necesidad, de haber curado del espanto al desvelo y dormir como un cascote, o si será que todo empezó a ser tan estructurado y rutinario que hasta me cuesta proyectar días muy distintos. Puede que algo de eso último haya. Creo que esa efectividad, duró el cerrar de ojos, lo que la infancia me lo permitió.
Y con eso me traigo palabras que viven en la obra del pensador Espinosa, -y no hablo del filósofo- que dicen algo como;
Ya no hay nada en mí, me obligaron a crecer
Mi imaginación, me obligaron a matar
Ya no puedo ser, me obligaron a soñar
Mi infancia termino, me obligaron a mentir.
Mi imaginación, me obligaron a matar
Ya no puedo ser, me obligaron a soñar
Mi infancia termino, me obligaron a mentir.
lunes, 14 de octubre de 2019
Esos sueños que se sienten tan reales me generan algo raro que casi roza con lo angustioso.
Cuando me despierto con esa impresión de que el imaginario fue real quedo un toque perdido, es como un pisotón que me desorienta. Son los primeros segundos, en ese tiempito de espabilo que siento que algo mío queda medio olvidado. Pasar de la sensación de tacto a lo intangible.
Como que esa idea de historia/vida alterna, nacida y enterrada en la almohada, me deja una huella que se tapa al toque. Instantáneo, pero suficiente para dejarme llevar lo que duran las lagañas.
Cuando me despierto con esa impresión de que el imaginario fue real quedo un toque perdido, es como un pisotón que me desorienta. Son los primeros segundos, en ese tiempito de espabilo que siento que algo mío queda medio olvidado. Pasar de la sensación de tacto a lo intangible.
Como que esa idea de historia/vida alterna, nacida y enterrada en la almohada, me deja una huella que se tapa al toque. Instantáneo, pero suficiente para dejarme llevar lo que duran las lagañas.
A veces me llega bastante lo ilusorio que muestra el inconsciente, es un poco loco saber que siempre está haciendo fuerza para darnos algo que no tenemos, o que en parte buscamos.
Ayer un abrazo, lo reciproco, y otro tanto más que nunca fue.
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