Ayer estaba laburando y digo, che tengo ganas de ver la última de los Cazafantasmas, me fijo los horarios. 19:45, joya. Meriendo algo, me cambio el outfit jogginesco de homeoffice y agarro viaje. Así de dinámico y espontáneo. Como si es que estuviera yendo al chino solo a comprarme papitas de antojo, lo simple de darse un gusto.
Así fue que después de un par de años volví a ir al cine, y haciendo memoria creo que la última vez había sido para el estreno del Joker. Y de que no iba solo, de esa tarde yendo a rendir que, a medio camino, me bajé del bondi en el viejo Showcenter a ver Wonder Woman. Que lejos que quedó eso che. Me gusta ir solo, entiendo que para muchos es medio tabú porque pareciera ser más una actividad para compartir, que si no da a re tristón, pero no sé, yo lo disfruto igual. Hay que sacarse esa idea. A mi este tipo de cosas me resultan más un mimo, es como darse tiempo para sí mismo.
Pero el tema acá es que esta vez lo disfruté mucho más, porque ayer el sueño se cumplió y tuve una función solo para mí, literalmente era la ÚNICA persona en la sala. (Igual yo no sé cómo la gente no va a ver este digno cierre de trilogía que le hace justicia a sus predecesoras, pero bueno ese es otro tema)
Es tan genial no estar rodeado de boludones manipulando pochoclo, o gente que se para en la mitad de la película, sin llantos ni gritos random de pibitos, un sueño. Igual, para mi tendría que haber una ley que prohíba el pochoclo en el cine, maestro por qué no vendes sanguches de salame? esa es la tecla, es rico y no hace ruido. 100 puntos para Gryffindor.
En fin, que cosa hermosa una sala vacía, hermosísimo momento por donde se lo vea.


