jueves, 20 de noviembre de 2025

Con ingenuidad pienso;
Ojalá que en el corto plazo volvamos a aquel mundo pre-inteligencia artificial. Recién empieza toda esta era y ya me guardo en la utopía de imaginar que va a llegar ese día en el que le suelten la mano. Quisiera estar en un mundo con menos manipulación y más sentimiento, al contrario de lo que promete. Viendo los resultados de hoy en día me entristece un poco saber todo lo que se viene.
Dicho esto, creo que el problema no es la herramienta en sí, sino que, como suele pasar, es la gente con el uso que le da. Desmedido, abarcando hasta lugares donde no es necesario. Incluso ya se ve en muchos la dependencia en lo cotidiano. Desde la búsqueda de información (o desinformación en varios casos), generar atajos ventajistas, o hasta cual oráculo, en algo que me parece extremo, que es la toma de decisiones. 
 
Atrás hay mucho que se ignora. Contamina, roba y falsea. Mata la esencia de todo. Bajo esa premisa, puntualmente en lo gráfico, qué sentido tiene hacerle creer a la gente que es real algo que no lo es? Qué objeto o gracia tiene confundir? Me pregunto.
 
Y me respondo. Siempre hay malintencionados y estrategas de intereses sacando provecho, y más cuando no hay regulaciones de ningún tipo. Siempre está quien se beneficia a costa del resto. 
La cosa es que te hacen creer que vos estás usando la "herramienta", pero es al revés, te está usando a vos para su beneficio. Igual, a nadie le importa.
 
Un poco en chiste y un poquito en serio, se ve que no vieron Terminator (?)
 

sábado, 25 de octubre de 2025

 

La empatía como valor primario.

 

viernes, 1 de agosto de 2025

Se suele decir que cuando se trata de niños, la imaginación no tiene límites. Lo mágico, de cierta forma, es como esas fantasías que uno podía tener a aquella edad, lejos de verse reales, casi sin querer un día coquetean con materializarse.

Es que, aunque inverosímil, un poco era imaginar que podías transportarte dentro de una tele o aparato electrónico y aparecer en algún mundo fantástico. Y con eso, también acompañaba pensar que podrías pisar el suelo que daba resguardo a esos personajes que mirabas con una chocolatada y Panchitas en mano, hace tantos años atrás. En aquel momento no se te cruzaba por la cabeza que, en realidad, mucho de lo que veías en un dibujito realmente podía 'existir' en algún lugar del mundo.

Y así era! Por lo menos en el caso de Digimon, que muchas de las escenas representadas eran lugares reales. Puntualmente sucedía en Odaiba, una isla artificial en la bahía de Tokyo. 

El anteúltimo día de mi estadía, teniendo las horas contadas y con un cielo súper gris en vista, no me di tiempo a dudar y arranqué el viaje desde Ikebukuro para atravesar medio Tokyo, y así llegar a la famosa bahía. Es muy loco el impacto y la primera impresión que genera ver esas locaciones en persona. Al llegar, saliendo de la estación la mirada se iba rápido, y ya tomaba protagonismo la inmensidad del edificio de Fuji TV donde, aquellos que miraban la serie, recordarán que es un lugar que se repite en varios momentos importantes.

 
Edificio de Fuji TV 

Otro de los puntos quedaba un poco más alejado, tras una larga caminata y cruzar varios puentes, ahí estaba el serrucho gigante (obra del artista Claes Oldenburg). Y al lado, con su arquitectura tan distintiva, el famoso centro de exposiciones Tokyo Big Sight.

Saw Sawing  
 
 
Tokyo Big Sight
 
Además de lo llamativo de sus edificaciones, Odaiba tiene la particularidad de tener muchos senderos y puentes peatonales que hacen todo más fácil para recorrer, varios que nacen en el mirador principal de la bahía. De más está decir, con una vista bellísima.
 
Odaiba-Kaihin-Koen Station

Vista al Rainbow Bridge - レインボーブリッジ

Cierro con lo más cursi que se me viene a la cabeza, haciendo referencia a su canción más icónica, que dice 'Si tu lo deseas puedes volar, solo tienes que confiar mucho en ti y seguir..', una frase que algo de razón tenia para aquellos ojos de nene soñador, y hoy aún más para los de un treintañero boludón. 

Quien lo hubiera pensado, un día me transporté.

sábado, 5 de julio de 2025

Me gusta mucho ese segundo pasajero en que relaciono un aroma con una persona o un lugar. Me gusta mucho ver cuando corto el té con un poco de leche, y se forma esa especie de humo acuático tan artístico. También me gusta escuchar a las cigarras en verano, porque es un sonido con sol de tardes de niñez. Me gusta atesorar cartas, y muy muy cada tanto volver a leerlas, porque están en peligro de extinción. Otra cosa que me gusta es cuando me toca una uva sin semillas, por dentro lo festejo un montón. También me gusta ver como las primeras gotas de lluvia le dan golpecitos la tierra, quedarme con esos segundos en el que el polvo deja de ser tal. Me gusta dejar pasar varios años para volver a ver las pelis que amo, porque algo de ese primer asombro se recupera. Me gusta mucho ver fotos analógicas, con todo lo espontaneo e imperfecto que hoy se diluye. Me gusta comer mandarinas mientras el sol me achina, en mi mente es como una recarga de energía especial. Me gusta leerme los libros en voz alta y darle tono a la lectura, ser escucha y narrador. Me gusta mucho pescar detalles y pensar regalos, porque de ahí solo pueden salir cosas buenas.
Me gustan tantas cosas, que no sé si mañana me las voy a acordar.

lunes, 9 de junio de 2025

 
Que la creatividad siempre tenga su lugar,
lo inabarcable, un revuelo infinito. 

lunes, 28 de abril de 2025

El viaje

Van dos semanas desde que llegué. Está nublado y la app del clima dice que va a llover todo el día, igual salgo. Me impulsa poder ver en vivo lo que solo vi en fotos.

Mis amigos no quieren venir. Me aventuro a ir al norte, al otro extremo de Osaka, solo, sin internet y con la convicción de que el trayecto va a ser hermoso. Se que la Expo’70 va a cubrir expectativas, más que suficiente para tomar envión.

La estación de Namba es gigantesca, podría ser tranquilamente una ciudad subterránea. Por un instante me perdí, pero su catarata de carteles te hacen sentir seguro, sabes que con paciencia vas a llegar a destino. Me equivoqué de entrada, y después de deambular entre cientos de personas me di cuenta de que el ingreso al subte estaba en la calle. Volví a salir.

Midosuji Line, la roja. Me parece re loco que el subte acá por momentos salga a la superficie, y más aún que en un tramo vaya a la par de la autopista, justo en el medio, entre los dos carriles. Hasta en las cosas más random este país me sigue sorprendiendo.

Al final del tramo, combiné con el monorriel y llegué. Después de caminar varias cuadras me percaté de que la sonrisa me acompañaba a cada paso que me acercaba al parque, con una alegría impresa en su totalidad al ver la famosa Torre del Sol.

El pronóstico es preciso. Se largó a llover, pero recorrí todo lo que me propuse. Acá siento que llueve más finito, hasta ahora me tocaron garúas amables. Me mojo un poco, y solo pienso en que este parque debe ser lo más cercano a viajar en el tiempo que puedo llegar a estar, un transporte a la visión de hace 55 años. Es inmersivo en muchas formas, por momentos la memorabilia y la arquitectura te lleva a ese tiempo. 

Estoy volviendo a Namba, el vagón se llenó. Y todos tienen el celular en la mano. Voy sentado y miro todo lo que me rodea con detalle; el señor de la izquierda juega un rompecabezas digital, el de mí derecha está viendo una peli, tiene toda la pinta de ser una de Mifune. Soy el único ‘gaijin’ a la vista en este vagón, pienso.