domingo, 31 de marzo de 2019

La otra vez vi La Tumba de las Luciérnagas, que era de esas peliculas que desde hace años tenía de vista pero nunca me senté dedicarle tiempo. Ponele que la enganché de casualidad haciendo zapping justo cuando empezaba, pero igual vale, fue más que oportuno.
La cosa es que creo que nunca lloré tanto con una pelicula como con esta. Onda con moco bien piola, nudito en la garganta, la congoja interna y todo el combo que eso trae. Es que si de escenas tristes se trata se me vienen a la cabeza otras con efecto lacrimogeno, no se, el final de Armaggedon, el de My lovely Bones, un Toy Story 3 (si, que algún mortal se anime a decir que no), o uno bien de teenager como es Bajo la misma estrella. Pero de entre todas esas que hoy pueda tener presente, estoy seguro que jamás JAMASSS de los jamases me angustié tanto como con esta. Más todavía con el prejuicio de suponer que al ser animada iba a estar lejos de eso. Super profunda. Después me enteré que fue de las primeras de studio Ghibli, y ahí si, con ese dato nunca hubiera podido dudar de que se trataba de una obra de la gran pu.
Y es más fuerte todavía después de investigar un poco sobre la historia de la cual se basó y el papel que tuvo el autor en la misma, creo que eso es lo que más pega, que sea un relato en primera persona. Muy crudo todo.
Ay no se, me tocó mucho, y además la gestualidad que tiene la animación es excelente, tan natural. Por cosas como estas cada vez quiero más a los ponjas, aunque tengan sus altos mambos y no den más de raritos. En fin, una cosa hermosa que merece ser vista. Sin duda está en mi top top junto con Evangelion, un escaloncito arriba de abajo Akira y El viaje de Chihiro. De nuevo, el prejuicio siempre está y muy pocos caen en la cuenta de la sensibilidad o de la carga filosófica que, entre lineas, pueden tener estas historias.

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