domingo, 21 de abril de 2019

Hay algo que me resulta más trágico que saber que una obra arquitectonica histórica se prenda fuego, y es ver que a los dos días se junten cientos de millones de euros en donaciones para su restauración. Eso es más duro, a nivel humano me es trágico de verdad.
Al que se te muere de hambre en la vereda de enfrente le esquivas la mirada, o hasta siendo Estado sos capáz de endeudar al que menos tiene si lo requerís, pero en ambos casos si la señora iglesia necesita de tu 'bondad', ahí no lo dudás. Esa perspectiva de poder es la que tanto asco me da, el de la iglesia como institución dominadora, como si estuvieramos caminando en el siglo XVII.
En estas situaciones las prioridades se tapan con mantos y coronas, y la cruz pareciera pesar tanto como en aquellos días.

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