sábado, 24 de julio de 2021

Arrancaron los juegos olímpicos y me vino este recuerdo. Así me funciona el balero.

Hace unos años, ya un poco lejos en la distancia y con la compañía de una moneda más amigable, pude ahorrar lo suficiente como para cumplir el sueño de ir a Japón. Me remonto a esto, porque fue en esa tierra que tuve la posibilidad de hacer la compra más hermosa del mundo mundial, la cual, porsupooio, al final no ocurrió.

Podría decirse que el objeto en cuestión era digno de catalogarse como uno de los elementos tecnológicos más increíbles jamás creado, y no es que esté hablando de una tele re wachi wow o una compu. Ni tampoco un celular mega power o alguna de esas consolas modernas, no no, nada más alejado que eso.

Esto fue en una especie de shopping, onda imaginate un Garbarino pero como de 5 o 6 pisos. Ahí es que me obnubilé y supe que tenía que tenerlo, tenía que ser dueño de eso que desde la mirada lejana pareció siempre inalcanzable. Y más que, al contrario de lo que uno podría pensar, estaba a un precio bastante accesible. Pero había un tema de por medio, no podía dejar pasar un detalle para nada menor. Me tomé unos segundos, y medí con la mirada, minuciosamente, las dimensiones de ese hermoso artefacto:

Y ahí cayó la ficha. Entendí. Iba a ser claro que no había forma alguna, no iba a entrar en la valija.

Ante la desilusión, y con ese desenlace triste supe que ese increíble aplique para transformar a tu inodoro en uno inteligente no iba a conocer el bello drenaje tercermundista. Chau, adiós al sueño del asiento térmico en invierno, a la tapa automatizada, a la música ambiental programable y su bidet robótico incorporado..


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La primera foto que saqué en esas vacaciones, nada de santuarios, shinkansen, toriis o edificios modernos, solo la majestuosa bienvenida que daba el baño del aeropuerto de Narita.

Nota de color, la marca era TOTO-WASHLET

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