jueves, 11 de noviembre de 2021

Tengo un amigo, de los más cercanos en mi adolescencia, que en aquellos años se mudó a otra provincia. En su momento fue feo, bastante, porque pasamos de compartir prácticamente todos los días a estar separados por 800 km, de un día para el otro. Y claro, lo peor sin duda fue para él, por ese desarraigo total que significaba, el tener que volver a empezar con los vínculos y rearmar todo lo que en ese momento tenía. Más a una edad que de una u otra forma te marca. Nunca entendí esa decisión de la madre en establecerse allá y alejar a los hijos de todo, de los amigos, del padre y la familia. Me costaría decir que priorizó el bienestar de sus hijos por sobre el de ella u otra cosa. Pero bueno, tal vez sea desacertado mi pensamiento, no lo sé.

Es hasta lógico decir que por la distancia hoy el vínculo es otro, y hay mucho que se perdió a causa de eso, pero se mantiene vigente a su manera.

Hace no mucho, no recuerdo como salió el tema, pero al pasar me dijo que a veces piensa en cómo sería su vida si se hubiese quedado en el barrio, con nosotros en la escuela. No pude evitar tomarlo como algo nostálgico de su parte, si bien allá está de la mejor manera y formó una vida en todo aspecto, me sonó a que hay algo que no cicatriza. Que siempre está eso que te va a faltar por más entero que parezcas ante la vista del resto. No sé qué tanto así será, solo fue mi interpretación, pero probablemente haya algo escondido atrás de tantísimos años que pasaron desde ese día en que tuvo que volver a empezar. Lo que es, lo que fue, lo que será y lo que hubiera sido. Interrogantes que cada tanto se disparan cuando sentís que adentro hay algo perdido.

No hay comentarios. :

Publicar un comentario