miércoles, 30 de noviembre de 2022

Ayer, camino a la panadería pasé por la puerta de mi escuela justo en horario de recreo, y ahí estaban todos en el fondo del parque, en grupitos abajo del árbol, igual que nosotros lo hacíamos hace tantos años atrás. Otros pocos estaban jugando con una pelota de vóley a la vista de un sol potente, casi forjando una actitud de temerarios, que valentía. En esa caminata iba mirando todo el ancho del parque mientras seguía por el largo de la vereda, segundos donde fueron muchos los recuerdos guardados ahí que se peleaban por salir.

María, la panadera, tiene su local al lado del cole, casi que pegado al mural que pintamos cuando nos egresamos. Se podría decir que ella es una de las personas más queridas del barrio, en parte por antigüedad. No estoy seguro de su edad, es que en mi mente es de esas personas que siempre fueron grandes, pero debe andar por los 90, y como cada día desde hace décadas, se encarga de atender su bolichito.

Ya con un kilo de miñoncitos y un cuarto de cuernitos bajo el brazo, emprendí la vuelta a casa. El recreo ya se había terminado, no había movimiento alguno. La caminata seguía, levanté un poco la mirada hacia el arco de la puerta, y me llamó la atención un cartel colorido que estaba en lo alto de la entrada con la leyenda de "30 aniversario". Me reí solo. Que oportuno, justo en el día que dejé los 30. Ese si es un golpe de la nostalgia!

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