Pasaron muchos años de volver sentir esto, y veo que es igual, el miedo a perder lo que me resulta tan valioso sigue teniendo más peso.
La inacción es cómplice, cómo también lo fue en aquellos días.
En el fondo entiendo como son las cosas, y aún así me encuentro regando emociones que sé que no van a poder florecer.



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