miércoles, 6 de enero de 2021

Hacía bastante tiempo que no me pasaba esto de tener tantas ganas de llorar. Bueno, exceptuando el llanto de alegría de hace un par de semanas con el último de Mandalorian, o mismo viendo Soul hace unos días.
Tenía que ser un día hermoso en su totalidad, feliz por donde se lo viera, y así y todo estuve a punto de soltar lágrimas de bronca más de una vez. Pero aguanté, y aguanté, y me escondí atrás de mi mejor cara posible, porque no era el momento ni el lugar.
Es que no pasa seguido de llegar tarde y perderte el civil de tu mejor amigo. Es hasta este momento que escribo y tengo un enojo inmenso, más que nada conmigo, porque era algo que podía haber evitado. Pero la lluvia y el hecho de que era lejos me hizo dudar y elegí depender de terceros para ir, pensando que era la mejor opción. Y ahora, con el resultado a la vista más boludo me siento todavía, porque hay cosas que por experiencia ya te las tendrías que ver venir, y no lo aprendí. Como dueños de nuestras decisiones, la responsabilidad es propia, y acepto eso.
Después, con el pasar de las horas y lejos de lo anterior, fue otro el sentimiento lloroso. Uno más apagado, dueño de especulaciones, que de a poco te llenan de esas cosas de las que no te querés enterar. Y ahí cagué, en esa la cabeza empieza a hacer lo suyo en modo calesita. Quien te para ahora.

Hay días especiales que no vuelven y este era uno de esos. Tristeza, bronca y por sobre todo las ganas de cerrar los ojos y despertarse con el reloj de ayer. Catarsis cruda, desde el nudo de la garganta a estas lineas.

No hay comentarios. :

Publicar un comentario