Salir a andar en bici por el barrio me deja ser cómplice y ver esas cosas chiquitas que se escapan, como las que antes me buscaban la vista por la ventana del bondi, yendo al laburo. Te acordás cuándo no había home-office?
La complicidad de dos adolescentes, una aprendiendo a andar en skate, que con carpusa esperaba a que la gente pase para practicar su ollie y no mostrarse en las caídas. La otra, con el celu en la mano, tratando de grabar a su amiga para subir la hazaña a las redes. Creo que les costó capturar ese momento, pero se reían, caminaban a la par y se reían.
Hace cosa de algunas horas, una señora -pero no tan señora- le enseñaba a su amiga a andar en rollers. La aprendiz miraba el asfalto y daba pasos cortitos, tímidos. Justo pasé y con alguna duda frenó: Vamos que se puede, sin miedo!, le grite al pasar mientras le agitaba el puño cual match point. Su amiga se empezó a reír, ella también, y atinó a decirme algo pero no le entendí, ya estaba lejos. Pero volteé la cabeza y también compartí la risa.
La risa, creo que es eso. Los momentos que me gusta atrapar.
También puteo por dentro a padres que les chupa un huevo que sus crios anden pisteando como Toretto. Señora no se da cuenta que es una calle y le van a pisar al pibe? señor no ve las maniobras que hacen para esquivarle a la bendición? Pero ese es otro tema.



No hay comentarios. :
Publicar un comentario