jueves, 20 de noviembre de 2025
sábado, 25 de octubre de 2025
viernes, 1 de agosto de 2025
Se suele decir que cuando se trata de niños, la imaginación no tiene límites. Lo mágico, de cierta forma, es como esas fantasías que uno podía tener a aquella edad, lejos de verse reales, casi sin querer un día coquetean con materializarse.
Es que, aunque inverosímil, un poco era imaginar que podías transportarte dentro de una tele o aparato electrónico y aparecer en algún mundo fantástico. Y con eso, también acompañaba pensar que podrías pisar el suelo que daba resguardo a esos personajes que mirabas con una chocolatada y Panchitas en mano, hace tantos años atrás. En aquel momento no se te cruzaba por la cabeza que, en realidad, mucho de lo que veías en un dibujito realmente podía 'existir' en algún lugar del mundo.
Y así era! Por lo menos en el caso de Digimon, que muchas de las escenas representadas eran lugares reales. Puntualmente sucedía en Odaiba, una isla artificial en la bahía de Tokyo.
El anteúltimo día de mi estadía, teniendo las horas contadas y con un cielo súper gris en vista, no me di tiempo a dudar y arranqué el viaje desde Ikebukuro para atravesar medio Tokyo, y así llegar a la famosa bahía. Es muy loco el impacto y la primera impresión que genera ver esas locaciones en persona. Al llegar, saliendo de la estación la mirada se iba rápido, y ya tomaba protagonismo la inmensidad del edificio de Fuji TV donde, aquellos que miraban la serie, recordarán que es un lugar que se repite en varios momentos importantes.
Otro de los puntos quedaba un poco más alejado, tras una larga caminata y cruzar varios puentes, ahí estaba el serrucho gigante (obra del artista Claes Oldenburg). Y al lado, con su arquitectura tan distintiva, el famoso centro de exposiciones Tokyo Big Sight.

Cierro con lo más cursi que se me viene a la cabeza, haciendo referencia a su canción más icónica, que dice 'Si tu lo deseas puedes volar, solo tienes que confiar mucho en ti y seguir..', una frase que algo de razón tenia para aquellos ojos de nene soñador, y hoy aún más para los de un treintañero boludón.
Quien lo hubiera pensado, un día me transporté.
sábado, 5 de julio de 2025
Me gusta mucho ese segundo pasajero en que relaciono un aroma con una persona o un lugar. Me gusta mucho ver cuando corto el té con un poco de leche, y se forma esa especie de humo acuático tan artístico.
También me gusta escuchar a las cigarras en verano, porque es un sonido con sol de tardes de niñez. Me gusta atesorar cartas, y muy muy cada tanto volver a leerlas, porque están en peligro de extinción. Otra cosa que me gusta es cuando me toca una uva sin semillas, por dentro lo festejo un montón. También me gusta ver como las primeras gotas de lluvia le dan golpecitos la tierra, quedarme con esos segundos en el que el polvo deja de ser tal. Me gusta dejar pasar varios años para volver a ver las pelis que amo, porque algo de ese primer asombro se recupera. Me gusta mucho ver fotos analógicas, con todo lo espontaneo e imperfecto que hoy se diluye. Me gusta comer mandarinas mientras el sol me achina, en mi mente es como una recarga de energía especial. Me gusta leerme los libros en voz alta y darle tono a la lectura, ser escucha y narrador. Me gusta mucho pescar detalles y pensar regalos, porque de ahí solo pueden salir cosas buenas.
Me gustan tantas cosas, que no sé si mañana me las voy a acordar.
lunes, 9 de junio de 2025
lunes, 28 de abril de 2025
El viaje
Van dos semanas desde que llegué. Está nublado y la app del clima dice que va a llover todo el día, igual salgo. Me impulsa poder ver en vivo lo que solo vi en fotos.
Mis amigos no quieren venir. Me aventuro a ir al norte, al otro extremo de Osaka, solo, sin internet y con la convicción de que el trayecto va a ser hermoso. Se que la Expo’70 va a cubrir expectativas, más que suficiente para tomar envión.
La estación de Namba es gigantesca, podría ser tranquilamente una ciudad subterránea. Por un instante me perdí, pero su catarata de carteles te hacen sentir seguro, sabes que con paciencia vas a llegar a destino. Me equivoqué de entrada, y después de deambular entre cientos de personas me di cuenta de que el ingreso al subte estaba en la calle. Volví a salir.
Midosuji Line, la roja. Me parece re loco que el subte acá por momentos salga a la superficie, y más aún que en un tramo vaya a la par de la autopista, justo en el medio, entre los dos carriles. Hasta en las cosas más random este país me sigue sorprendiendo.
Al final del tramo, combiné con el monorriel y llegué. Después de caminar varias cuadras me percaté de que la sonrisa me acompañaba a cada paso que me acercaba al parque, con una alegría impresa en su totalidad al ver la famosa Torre del Sol.
El pronóstico es preciso. Se largó a llover, pero recorrí todo lo que me propuse. Acá siento que llueve más finito, hasta ahora me tocaron garúas amables. Me mojo un poco, y solo pienso en que este parque debe ser lo más cercano a viajar en el tiempo que puedo llegar a estar, un transporte a la visión de hace 55 años. Es inmersivo en muchas formas, por momentos la memorabilia y la arquitectura te lleva a ese tiempo.
Estoy volviendo a Namba, el vagón se llenó. Y todos tienen el celular en la mano. Voy sentado y miro todo lo que me rodea con detalle; el señor de la izquierda juega un rompecabezas digital, el de mí derecha está viendo una peli, tiene toda la pinta de ser una de Mifune. Soy el único ‘gaijin’ a la vista en este vagón, pienso.
lunes, 30 de diciembre de 2024
Tonos ocres, naturales; aromas y sonidos que se guardan en una cajita de recuerdos, ahí donde yace cierta nostalgia. Pero no la que pesa, ni aquella envuelta en anhelo, sino la de saber que hay un lugar donde se atesoran momentos amables y queridos. Parte de uno, de su historia; 'toda una vida', como quien dice.
Deshabitar un espacio, con lo que mueve y crea. La ola de días, la transición, y algunas marcas que se arrastran de ese pasar. Ahí, ni tan lejos ni tan cerca. Todo lo que empuja la construcción de un hogar, fresco. Hay que moldear detalles de ese nuevo hábitat, uno que espera a que aparezcan nuevos tonos.
jueves, 3 de octubre de 2024
Es volver a escribir pero desde la tristeza. Si bien vienen siendo meses complejos por varias cosas, las últimas semanas se diferenciaron por lo fuleras, cargadas de días que se fueron volviendo cada vez más pálidos.
Hace unos días que Mulatita ya no
está. Y caigo en que es la primera vez en toda mi vida que no hay animales en la casa, la primera vez que no existe esa compañía en lo diario. Primero India y ahora ella, la familia se achicó mucho con diferencia de pocos meses. Con algunas señales y avisos previos uno puede estar más o menos
preparado para afrontar una perdida, sabiendo que la vejez es así, pero de igual
forma eso no simplifica la despedida ni mucho menos la tristeza.
Hay recuerdos e imágenes que quedan, y pensaba en esos momentos que se van con ella y ya no se van a repetir. Como que se ponga a pastar a mi lado cada vez que me vaya a leer al solcito, o esperar que en algún momento del día golpee la puerta para pedir un pancito. Y que decir de ese oído afinado que la hacía correr hasta donde estés cada vez que escuchaba una bolsa o un paquete de plástico crujir, ya sentías el ruidito de sus taquitos acercándose a la distancia. Tenía devoción por las galletitas de agua y el balanceado, se volvía loca! Y que cómico que era pescarla mirando por la ventana, con la cara pegada al vidrio para que no le de el reflejo, con actitud de espía, chusma, indagando quien estaba del otro lado.
Era la estrella del barrio, la más famosa por lejos. No había día que alguien no se pare en la reja o estire el cogote desde la vereda para verla. La oveja negra de la familia, pero solo en lo literal. Pues, toda una diva ella!
Hay un 'hola chancha peluda' que no voy a poder decir más. El saludo que me salia automáticamente cada vez que la veía al llegar a casa, ahora no se va a volver a escuchar. La voy a extrañar mucho. La extraño mucho.
Empecé a escribir esto el mismo día que se fue y no pude terminar. Me distraigo, me pongo a ver sus fotos y me pierdo entre tantos recuerdos lindos. Al final sonrío con alguna lagrima. Mulatita nos hizo bien al corazón.
sábado, 6 de enero de 2024
miércoles, 13 de diciembre de 2023
miércoles, 6 de diciembre de 2023
martes, 7 de noviembre de 2023
martes, 24 de octubre de 2023
jueves, 5 de octubre de 2023
miércoles, 4 de octubre de 2023
miércoles, 20 de septiembre de 2023
domingo, 17 de septiembre de 2023
Me quiero autoconvencer otra vez de esto, que quien de verdad quiere algo no se va a quedar con las ganas de hacerlo mientras esté a su alcance. Va a crearse la oportunidad y el tiempo, o por lo menos va a estar viva la intención de buscar la forma. El deseo es lo que impulsa todo, o no?
En consecuencia también puedo entender que algunas veces las excusas que recibimos no es que al final vayan puramente dirigidas a uno, sino que, en su disfraz, es la forma que pudo encontrar la otra parte para aplacar algún dejo de culpa. Maquillar el asunto. Y no juzgo esto, sé que todo es con la intención de no herir. Pero pese a eso queda un huequito para lo colateral, y me afecta, un poco me duele la inacción cuando el discurso va para el otro lado. Hay situaciones que no sirve forzarlas, eso está claro. Nacen o no.
Es más que entendible igual, y natural, no es que siempre se refleje simetría cuando hablamos de interés.













